La obediencia absoluta a los designios del Padre Celestial constituye el camino más seguro hacia la santidad. Por este motivo, en esta hermosa emisión del programa «María Madre Nuestra», la conductora Gabriela Hernández nos ofrece una lección de fe inestimable. La ponencia se titula exactamente La Virgen María se casa con José.
Cabe destacar que este pasaje de la historia de la salvación nos revela cómo la Providencia entrelaza los votos humanos con sus planes divinos. De este modo, la producción televisiva nos invita a imitar las virtudes cotidianas de la Sagrada Familia de Nazaret.
En primer lugar, la Tradición y los Evangelios nos permiten reconstruir las costumbres de la época del Nuevo Testamento. Ciertamente, la esterilidad era considerada en la cultura judía antigua como una marca de profunda deshonra y castigo. Además, el Santo Tomás de Aquino explica que la Virgen se consagró al Templo desde su infancia.
En consecuencia, el anuncio de su matrimonio con un joven de la estirpe de David pudo generar una aparente contradicción en su corazón. Por el contrario, la Reina del Cielo demostró una docilidad perfecta ante los cambios solicitados por el Espíritu Santo.
La realidad del hogar de Nazaret y los esponsales
Por añadidura, la arqueología local de Galilea nos describe un entorno sumamente humilde y apartado de las grandes urbes. En efecto, el poblado de Nazaret apenas contaba con una población máxima de sesenta o setenta habitantes fijos. Las viviendas ordinarias consistían en rústicas grutas excavadas en la roca con talleres de carpintería subterráneos.
Asimismo, la cultura hebrea estipulaba que el casamiento formal debía dividirse estrictamente en dos etapas: los esponsales y las nupcias. Por lo tanto, María y José iniciaron su proyecto familiar desde la pobreza material más absoluta pero colmados de dones espirituales.
Defensa del matrimonio y el testimonio laical
De igual manera, el análisis del Padre Tiberio Munari resalta la importancia de custodiar el matrimonio frente al relativismo secularizado. De hecho, la sociedad moderna ataca constantemente los cimientos del hogar intentando redefinir la unión natural del hombre y la mujer.
Por consiguiente, los católicos tenemos la grave obligación de defender las virtudes cristianas basándonos en el sentido común y la verdad. Sin duda, la impactante oración de la Caminata de la Encarnación nos recuerda que la voluntad divina siempre triunfa, aunque sus respuestas choquen contra nuestro criterio humano.
Los sacramentos y la maternidad espiritual
En conclusión, pertenecer a la Iglesia Católica representa un inmenso privilegio que debemos aprovechar con alegría constante. Por esta razón, la asistencia regular a las Santas Misas y la recepción frecuente de la confesión resultan indispensables para avanzar. También los laicos están llamados a unirse internacionalmente al movimiento Vox Populi para solicitar al Papa Francisco el último dogma mariano. Si abrimos las puertas de nuestras casas a la gracia, transformaremos radicalmente las estructuras sociales del entorno. Finalmente, abandonarse por completo en las manos de Cristo nos concederá una paz duradera que el materialismo jamás podrá ofrecer.
16/07/15
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¿De qué manera los giros inesperados de la Providencia transforman nuestros planes personales en senderos de salvación?

