Hoy te presentamos un programa profundamente conmovedor titulado «¿Por qué hay mal y sufrimiento en la Creación?». Ciertamente, abordaremos este difícil tema a través de una charla reconfortante en «Mujeres en Misión».
El Padre Fernando Delgadillo nos guía magistralmente en esta reflexión espiritual tan necesaria. Primeramente, nos invita a acercarnos al dolor ajeno con inmenso respeto, tacto y caridad cristiana.
Por consiguiente, descubriremos que el sufrimiento jamás debe ser manipulado ni juzgado con falsa superioridad. De hecho, acompañar a quien sufre resulta verdaderamente fundamental para no dejarlo abandonado en su oscuridad.
El verdadero origen del mal en el mundo
Para comenzar, es indispensable entender que Dios no envía el dolor como un terrible castigo. Tampoco utiliza las enfermedades como una simple prueba para medir nuestra resistencia espiritual.
Por el contrario, gran parte de las tragedias actuales provienen directamente del pecado humano. Indudablemente, el mal uso de nuestra libertad rompe constantemente la maravillosa armonía que Dios diseñó.
Sin embargo, nuestro amado Creador no nos deja solos en medio de la tormenta. Así, Jesucristo decide abajarse amorosamente para acompañarnos en nuestra mayor soledad y desesperación existencial.
La compañía de María y el valor redentor
Posteriormente, el programa destaca el papel invaluable de la Virgen María ante el sufrimiento. Ella nos enseña valientemente a enfrentar los momentos más oscuros sin rebelarnos contra la voluntad divina.
Su corazón inmaculado acompaña el intenso dolor de su Hijo y también abraza nuestras propias penas. Definitivamente, tener a una madre celestial nos brinda un consuelo maternal verdaderamente incomparable.
Además, la fe católica transforma nuestro dolor de manera radical cuando lo unimos a la cruz de Cristo. Por lo tanto, ofrecer nuestros sufrimientos cotidianos les otorga un inmenso valor redentor y sobrenatural.
Esperanza y fortaleza en Cristo
Finalmente, necesitamos confiar plenamente en la fuerza transformadora de la gracia divina en nuestra vida. Consecuentemente, debemos acudir a Jesús Sacramentado para entregarle todas nuestras heridas emocionales, físicas y espirituales.
Él comprende perfectamente nuestras frustraciones porque padeció el abandono total en el Huerto de Getsemaní. Por esta razón, su amor infinito tiene el poder absoluto de sanar por completo nuestros corazones destrozados.
Te invitamos encarecidamente a vivir esta etapa con una nueva y esperanzadora perspectiva espiritual. Acepta el dulce consuelo de Dios, abraza tu cruz con gran paciencia y camina siempre tomado de su mano.
5/03/15

