La búsqueda de la plenitud humana pasa inevitablemente por comprender nuestra capacidad de elección. Por este motivo, en este episodio del programa «Saber Vivir», Francisco González y Julio Márquez desarrollan un análisis profundo. El tema central se titula Libre albedrío y libertad. Cabe destacar que esta disertación nos invita a reflexionar sobre nuestras decisiones diarias. De este modo, el contenido desenmascara las falsas concepciones que la sociedad moderna tiene sobre la autonomía personal.
En primer lugar, es fundamental discernir la diferencia entre ambos conceptos esenciales. Por una parte, el libre albedrío es la facultad intrínseca para elegir entre el bien y el mal. Sin embargo, esta capacidad se ejerce siempre desde una realidad biológica y social que nosotros no elegimos. Por otra parte, la verdadera libertad no consiste en hacer simplemente lo que queramos de forma desordenada. Al contrario, se trata de la conquista diaria de elegir aquello que engrandece nuestro ser. En consecuencia, el libre albedrío es el medio, mientras que la libertad es el estado definitivo del alma.
El modelo evangélico de guardar y meditar
Por añadidura, los conductores exponen con claridad los cuatro grandes enemigos internos de la autonomía cristiana. Por ejemplo, el primer peligro se encuentra en los falsos dioses modernos como el dinero, el placer y el estatus social. Asimismo, las corrientes de la Nueva Era y las prácticas esotéricas esclavizan la mente del hombre a través de amuletos. De igual manera, el segundo enemigo se manifiesta en los apegos emocionales y las dependencias materiales dañinas. Ciertamente, estas ataduras surgen de un temor profundo que solo la presencia divina puede sanar.
Los dolores marianos y el fuego apostólico
Adicionalmente, el tercer obstáculo está constituido por los mecanismos o conductas defensivas que impiden el crecimiento espiritual. De hecho, la psicología y el psicoanálisis de Erich Fromm o Sigmund Freud explican cómo la proyección y el perfeccionismo evaden la realidad. Por último, el cuarto enemigo es la oscuridad, entendida como el ocultamiento de nuestras faltas. Por lo tanto, todo acto realizado en las sombras debilita la voz de nuestra conciencia. Sin duda, para romper estas cadenas, es necesario elevar la mirada hacia ideales superiores y trascendentes.
Una invitación a la consagración espontánea
En conclusión, la verdadera emancipación se alcanza cuando ordenamos nuestra voluntad conforme a los valores del Evangelio. De esta manera, la célebre historia caballeresca del héroe Galahad nos ilustra el poder de respetar la libre determinación del prójimo. Por consiguiente, los hombres están llamados a superar las metas puramente operativas del mundo material. Finalmente, nuestra libertad humana adquiere su máxima dimensión divina cuando elegimos fundirnos libremente en la Voluntad de Dios, tomando a Jesucristo como el ideal absoluto.
11/02/13
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¿Somos realmente dueños de nuestro destino o estamos condicionados por las circunstancias en las que nos tocó nacer?

