La salvación del alma y la verdadera felicidad nos recuerdan una verdad fundamental de nuestra fe: Jesucristo es el único Salvador. De hecho, cuando nos alejamos del amor de Dios por culpa del pecado, caemos en un estado de oscuridad y vacío, un «reino de las tinieblas» marcado por la desesperanza. Sin embargo, el mensaje central del Evangelio es una gran noticia de liberación.
El rescate de las tinieblas
En primer lugar, a través de la Sagrada Escritura, comprendemos que Dios Padre, movido por un amor infinito, envió a su Hijo para rescatarnos. Por consiguiente, Jesucristo, al derramar su Sangre en la cruz, pagó el precio de nuestras faltas y nos dio un «baño de regeneración». Además, este acto de redención es el puente absoluto que nos permite cruzar desde el reino del mal —donde opera el enemigo que solo busca «robar, matar y destruir»— hacia el Reino de la Luz, la Verdad y la Vida.
Jesús, la única puerta a la salvación
Por otro lado, no existe otro nombre dado a los hombres por el cual podamos ser salvos, ya que Jesús es el único camino hacia nuestro Padre Celestial. En consecuencia, al aceptar su sacrificio, confesar nuestra fe en Él y acercarnos a su gracia, nuestra vida se transforma por completo. Es decir, pasamos de la queja a la alabanza, y de la muerte espiritual a una vida plena en abundancia. Finalmente, acércate a la Palabra de Dios, haz de ella tu guía constante y permite que el sacrificio redentor de Cristo renueve todo tu ser espiritual.
16/03/26

