Muchas personas desconocen cómo se formaron los textos sagrados que hoy leemos en la liturgia y en el hogar. Sin embargo, al estudiar a fondo El tiempo de la iglesia, descubrimos la maravillosa acción providencial que guio a la comunidad primitiva desde la predicación oral hasta los manuscritos bíblicos. Por lo tanto, comprender la génesis histórica del Nuevo Testamento fortalece nuestra confianza en la veracidad inmutable del mensaje de salvación.
Por consiguiente, profundizar en este proceso apostólico nos ayuda a valorar la Sagrada Escritura como el corazón palpitante de nuestra fe comunitaria.
De la tradición oral a la fijación de los cuatro Evangelios
En primer lugar, el testimonio de los apóstoles comenzó inmediatamente después de Pentecostés mediante la proclamación viva del misterio pascual. De hecho, los creyentes perseveraban unánimes en la enseñanza apostólica, la comunión fraterna, las oraciones y la fracción del pan eucarístico. Así, asistida en todo momento por el Espíritu Santo, la predicación apostólica se transmitió con fidelidad absoluta de generación en generación sin sufrir alteración alguna.
Asimismo, la expansión del Evangelio por todo el imperio hizo indispensable consignar por escrito las enseñanzas del Maestro. Por esta razón, nacieron sucesivamente los testimonios inspirados de San Marcos en Roma, San Mateo en Antioquía, San Lucas para los gentiles y San Juan en Éfeso. De este modo, cada evangelista aportó un enfoque teológico propio para manifestar la riqueza inagotable de la persona divina de Jesús.
Por otra parte, la Iglesia naciente encontró en estos códices la brújula doctrinal que unificó a las comunidades cristianas dispersas por el mundo.
La contemplación integral de Jesucristo en la vida cristiana
Además, el estudio continuo de los Evangelios permite descubrir de manera armónica el rostro divino y humano de nuestro Salvador. En consecuencia, la Iglesia nos invita a retomar el hábito de la lectura orante para no conformarnos con un conocimiento superficial de la doctrina. En efecto, quien dedica tiempo a meditar los relatos evangélicos experimenta una transformación interior que renueva su compromiso apostólico en la sociedad.
Finalmente, acoger la gracia viva de El tiempo de la iglesia nos impulsa a dar un testimonio alegre y coherente en medio del mundo contemporáneo.
4/05/26

