El amor de Dios es una fuerza eterna e incondicional que transforma vidas. Por este motivo, en este primer episodio de la serie «Crecer en Cristo», Pepe González comparte un mensaje de esperanza. La predicación se titula exactamente ¿Quién nos separará del amor de Dios?
Cabe destacar que este espacio espiritual nos invita a reflexionar profundamente sobre nuestras caídas. De este modo, el biblista nos enseña que el pecado nunca ganará la batalla contra la gracia divina.
En primer lugar, la Palabra de Dios nos revela las características de su ternura infinita. Ciertamente, el profeta Jeremías nos recuerda que fuimos amados con un amor eterno. Además, el profeta Isaías asegura que Dios nos conoce perfectamente por nuestro propio nombre.
En consecuencia, no debemos temer a los juicios condenatorios del mundo material. Por el contrario, el amor divino es una luz radiante que disipa cualquier rastro de oscuridad.
La escuela de Pedro frente a la escuela de Judas
Por añadidura, el texto bíblico confronta dos respuestas muy distintas ante la traición personal. Por un lado, encontramos la trágica escuela de Judas Iscariote. El traidor pensó que su falta era más grande que el perdón del Señor. Por lo tanto, cayó en una profunda desesperanza y terminó con su propia vida.
Por otro lado, la escuela de San Pedro nos muestra un camino totalmente opuesto. En efecto, el apóstol comprendió que sus negaciones eran solo una gota frente al inmenso océano de la misericordia divina.
De hecho, el Evangelio de San Juan nos regala el emotivo reencuentro en el lago de Galilea. Jesús resucitado prepara el desayuno para sus discípulos fatigados. Asimismo, el Señor le pide a Pedro una triple declaración de amor sincero.
Por consiguiente, Cristo sana las tres profundas heridas causadas por las negaciones en el patio de Caifás. De esta manera, el apóstol recobra plenamente su dimensión bautismal y su misión papal en el mundo.
Una invitación a sanar el corazón
En conclusión, ningún error humano tiene el poder de alejarnos definitivamente del Creador. Por esta razón, debemos arrodillarnos con confianza absoluta frente al Santísimo Sacramento. También es necesario acudir al confesionario para recibir la absolución y la paz interior.
Aunque el corazón nos acuse, la gracia divina sobreabundará siempre sobre nuestras flaquezas. Finalmente, repetir con fe que Dios nos ama nos rescatará antes de que sea demasiado tarde.
23/02/26

